Medio maniquí de celuloide desportillado, desteñido y sin ropa presidía el escaparate. Dentro había un mostrador de madera oscura, dos sillas de respaldo recto, muebles de gavetas contra las paredes y una cortinilla al fondo tras la cual debía de estar el probador. Fortunata estaba sentada en una de las sillas y un hombre de mediana edad, con un bigote fino, un bisoñé de color caoba y un ojo ligeramente vuelto hacia arriba, le daba conversación desde detrás del mostrador. Al abrir la puerta sonó una campanita, Fortunata ladeó la cabeza, me vio entrar y exclamó:
- ¡Huy, pero si es mi detective privado! Pasa, cariño, y perdona que no me levante. Estoy derrengada. No hay nada más fatigoso que probarse ropa interior.
Fragmento VÍA LAYETANA:
Cuando lo hubo dispuesto todo para levantar el acta, el comisario Flores dio unas chupadas al resto del puro que le salía del bigote y dirigiéndose al individuo dijo:
- A ver, Asmarats, escribe: En Barcelona a tantos de tantos, etcétera, el detenido confiesa ser culpable de lo que se le imputa.- Y dirigiéndose luego a mí-: Venga, firma y nosotros nos ahorramos tiempo y papel; y tú, alguna caricia.
- Comisario Flores - dije-, le juro que yo no sabía que Toby no era el perro de la señora Linier, ni que tuviera pulgas.
- No sé de qué perro hablas- dijo el comisario-. Tú declárate culpable y yo me voy a mi tertulia machista, xenófoba y extraparlamentaria.
- ¿Culpable de qué, señor comisario?
- ¿De qué va a ser, idiota?- dijo el comisario-: de asesinato.
Fragmento CALLE DIPUTACIÓN (RESTUARANTE CASA CECILIA):
Entré y me salió al paso una mujer joven, pelirroja, lozana y sonriente. Antes de que asignara una mesa, le pregunté por el chef. Al notar su perplejidad, precisé:
- El señor Larramendi, de fama universal.
La sonrisa desapareció de su rostro y su ceño se arrugó.
- ¿Es una broma?- dijo.
- Está bien, volvamos a empezar. ¿Trabaja aquí el hombre que ayer por la mañana encontró el cadáver de una modelo en el jardín de su casa?
La mujer desarrugó la frente, pero no volvió a sonreír.
- Uno que trabaja en la cocina dijo algo de haber encontrado una chica muerta y de que la policía lo había estado interrogando. Como es natural, pensé que era una trola para justificar el retraso.
Fragmento CASA MILÀ (LA PEDRERA):
- A decir verdad, la arquitectura de Gaudí no es el motivo principal de nuestra visita. En realidad, te he traído a este lugar porque ayer unos señores me encargaron que te asesinara simulando un accidente.
Lo de simular un accidente no lo había dicho el caballero enmascarado, pero el señor Llewelyn añadió el detalle para no parecer inexperto en un terreno tan especializado como aquél. La señorita Baxter, dando por sentado que a continuación él la precipitaría al vacío de un empellón, se alejó corriendo del borde de la azotea y se abrazó a una de las chimeneas.
- ¡Si te acercas – advirtió – echaré un grito!
- Sería inútil – dijo el señor Llewelyn dando unos pasos hacia donde estaba la señorita Baxter –. Estamos solos y en la calle, entre las motos y los autobuses, hay un ruido que te cagas.
Fragmento CALLE PAU CLARIS (AGENCIA DE MODELOS):
Un corto paseo me llevó, en la calle Pau Claris, cerca de la Diagonal, ante un vetusto edificio de piedra erosionada y ennegrecida por el tiempo y decorada con relieves de plantas y animales domésticos, entre los que reconocí una rata y un murciélago. Por una puerta cochera abierta de par en par entré en un zaguán amplio y oscuro, al fondo del cual se distinguía una garita de conserje sin conserje. Ascendí los peldaños de mármol de la escalera noble que conducía al piso principal y me detuve ante una puerta de madera de lustroso barniz en el cual un rótulo de latón dorado decía:
LLEWELYN DE PARÍS
INTERNATIONAL SCHOOL OF MODELLING
Fragmento CALLE BAILÉN, Nº 128:
- Por si todavía no han caído, yo soy el antaño presunto asesino de una aspirante a modelo llamada Olga Baxter. Usted, señor Monturiol, es el asesino confeso y convicto de dicha señorita. Y usted, señora Monturiol, no es otra que la señorita Baxter. Corríjanme si me equivoco.
- Sólo en un punto – dijo él –. Mi actual apellido es Montpensier. Me lo cambié al salir de la cárcel para empezar una nueva vida.
- Es igual – dije yo –, lo único que importa es que en la época de los sucesos mencionados, usted regentaba la agencia de modelos Llewelyn de París, en la que trabajaba la señorita Baxter. Va, cuéntame de una vez lo que pasó. Mis pesquisas me han llevado a reconstruir los hechos y elaborar una teoría sobre la verdad de ocurrido.
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